Son éstas las veredas de la histeria,
y el nervio supura las pesadumbres sobrehumanas,
transitadas por multitudes,
en multiplicidad de urbes,
multicolores vereditas de la incontinencia.
Miro ausente el muñón de tu rastro,
inmenso en el fragor de mis huellas.
Las veredas tienen pocas sonrisas,
con presagios insolubles,
caminan con los talones gastados,
pertenecen al común de los mortales,
cuando la sustancia inmutable haya aglutinado a la razón subjetiva,
rectas en el penúltimo peldaño de la línea,
tronchada a las zancadas,
cautivas de pisadas y de prisas,
concéntricas de narices egotistas,
las veredas pueden ser anchas,
amplias y generosas,
como la dádiva divina,
o estrechas esas de enfrentar cara a cara al victimario con su víctima,
jocosas se fuman las tristezas,
se asoman en gesto desolado para quién tenga la osadía de recorrerlas,
paisaje de rascacielos rascando el coto del señor,
atemperadas en la medianoche,
preconizan el corazón configurado de añicos,
y una caterva de argumentos,
el beso de esa estudiantina en la banquina,
ella en punta de pies humedece sus labios jadeantes,
esta sombra que soy agiganta su luz difusa,
compite con otras por el carril a la candente luna roja,
obituarias veredas conservan en la genética a las generaciones idas,
ahuecan la atemporalidad en la vertiente efímera del hombre,
necias mueren de impaciencia junto a los árboles que mueren de pie,
escucho el sonido de las charreteras en la naturaleza,
caos en la desérticas veredas de la gloria,
ceden el lugar de sus dignidades de boca en la calle de las bruces,
creo haber caminado una vereda y alguna que otra veredita,
un mendigo arropa el sueño en la gran vereda de la ciudad de buenos aires,
autónoma marquesina de los desharrapados,
con miedo con pánico del escenario,
está la veredita rondando el camposanto,
guarida de sus huesos,
ya me hube perdido por laberintos de pasión,
codiciando el untuoso dispendio de las ciénagas,
las veredas exhiben el vitral de gravosas miserias,
es la soledad de uno diluyéndose con la de todos,
parece menos soledad,
arrimando el amparo para curar el desamparo,
confundirte con otras no podría,
pues tú eres solita entre las muchedumbres,
existen veredas inmateriales,
es la incorporeidad un oasis donde retoza una idealizada divinidad,desvalida de sacramentos,
opciones del libre arbitrio yo pienso,
infinitas y tropicales,
anodinas veredas de esto que llamamos vida,
patrocinan el rencor de los postes de luz,
inquina siempre patente ,
truene cante o llueve,
asolándose al mediodía,
la calle rivaliza con la vereda por el territorio vitalicio,
antecedente que no omite nefastos pareceres.
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