A la ferocidad de este mundo de locura,
solamente lo rescata la cordura del amor.
En seguida esparcieron esta sangre por las venas abiertas.
Reguero ,
bramidos de los toros de heno.
Incluso agostan la impaciencia,
hartos de pisar la pradera de la estepa.
Es que deseo estar junto a ella a su corazón de fuego,
como al rojo palpitante de las rosas.
Aun ruego primaveras en los anocheceres desvelados,
perimidos.
Evocación Absoluta de la memoria,
movimiento y vida de mi tierra,
el agua fresca y el agua calma.
Rastro parsimonioso y perdurable,
en sus párpados de diamante.
Mujer de jade.
Mírame de nuevo
con aquellos empavonados ojazos,
brillantes de crisantemos.
Después de haberla hallado nunca,
mas no quiero perderla.
Amarte amarte así
sin ley ni derecho
también ha de ser pecado.
Calla el canto de los grillos,
cuando el sol los apacienta,
se inquietan temiendo el agrio olvido,
más que a la muerte artera.
Y yo,
vivir sin ti mi bien,
yo,
ya no podría.
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