Desperdigadas están las gallinas,
allá en el patio de piedra.
Dónde la atroz aspereza desmadra de la piedra
la eclosión echa híbrida al cemento,
cuando gime la piedra
por ventanas y por puertas,
así desparrama oferente su oferta.
Desde la épica invertebrada
llegan ellas, con las de cuna plebeya,
no tienen la mácula
menos aún tienen la fécula.
La gallina pelandusca o mengana
filtrea mientras
el delirio la desvanezca,
y un gallo muy pintojo
le arranca las plumas,
él despluma la fiesta,
se las come,
ése es el alimento de su ego.
La sádica de la piedra,
de pronto anastasia asomándose viene,
polimorfa y perversa,
variante masoquista que tira la piedra,
de la incestuosa de la piedra.
Perezosamente
trae en su cuerpo la gula a cuestas,
y a trajín atropellado,
arrollando a la fatídica dicotomía gramatical,
en sustracción ávida de la báscula proverbial,
llega
con los granos de maíz de la milpa del evaristo.
La mujer no regurgita recetas
pues no va midiendo sus respuestas,
y objetiva
y sin ribetes,
y aniquila sucíntamente
a los ayes del gallinero.
allá en el patio de piedra.
Dónde la atroz aspereza desmadra de la piedra
la eclosión echa híbrida al cemento,
cuando gime la piedra
por ventanas y por puertas,
así desparrama oferente su oferta.
Desde la épica invertebrada
llegan ellas, con las de cuna plebeya,
no tienen la mácula
menos aún tienen la fécula.
La gallina pelandusca o mengana
filtrea mientras
el delirio la desvanezca,
y un gallo muy pintojo
le arranca las plumas,
él despluma la fiesta,
se las come,
ése es el alimento de su ego.
La sádica de la piedra,
de pronto anastasia asomándose viene,
polimorfa y perversa,
variante masoquista que tira la piedra,
de la incestuosa de la piedra.
Perezosamente
trae en su cuerpo la gula a cuestas,
y a trajín atropellado,
arrollando a la fatídica dicotomía gramatical,
en sustracción ávida de la báscula proverbial,
llega
con los granos de maíz de la milpa del evaristo.
La mujer no regurgita recetas
pues no va midiendo sus respuestas,
y objetiva
y sin ribetes,
y aniquila sucíntamente
a los ayes del gallinero.
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