El crisol dora el trigal de tu pelo
liberando al cordel del solsticio en enero
pronto adviene inmaculadamente
deslizándose suave por sobre tus hombros
hasta tus febriles senos.
En el memorial del convento.
Por qué abandonas
oh por qué me abandonas lucecita
huyes dentre dentelladas de paladar negro
acaso temes el inocuo adagio del populacho
y no te quedas
tanto tren de la resistencia
a pervivir la emoción del recorrido
y no te quedas
yo ninio imploro a nuestra señora del buen ayre
como aquella vez a ti
tu amor y tu perdón
quédate ya!
es mi último aliento
persiste conmigo en nuestra lucha de hogueras
desafiando esta milonga de crueldades
y de muchedumbres de hiel
contra la servil memoria de la perrera
ociosa de ladridos
rencillas de bacterias en la floja levedad del renglón
harta de gusanos carroñeros
ofensiva de los duendes pequeños
que se roen el calambre del magnesio
además el calcio tan escaso en el cuaderno verde de gregorio.
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