¡QUÉ améis! mozuela de miel dorada,
DULCE COMO LOS VIENTRES DE LAS HEMBRAS
DULCE COMO LOS OJOS DE LOS NIÑOS
detrás de la Transparencia MORTAL del tejido,
se oculta alguna otra insignificancia social en ese abismo,
donde los cocientes de la humanidad se deshacen
y van haciéndose,
PISOTEADOS,
COMO en el altar peregrino,
los remolinos.
Vos en la coronilla de la cresta,
mirás,
yo en la meseta de aquel río,
miro,
quien dijo que es MÁS DE lo mismo,
a la esfera celeste la hizo el altísimo
pero la habrían escindido los individuos,
Al RITMO incisivo del DIENTE carnívoro,
UN manicomio fantasmal lleno de bríos.
LA ÑATA CONTRA EL VIDRIO
acurrucando con la devoción de aquellos señoríos,
amoríos, fueron estos bien madurativos,
habrá sido QUIZÁS el nuestro,
quién sabe,
no lo niego,
no lo confirmo.
Desde ese entonces,
no miento,
sépalo usted mi dulce amada,
a su nombre hace poco me lo he aprendido,
de memoria le admito,
con discernimiento la amé
y ,de que te quise verde mozuela,
es atisbo sabido,
al clamor del desvarió,
voy atizando los pececitos y caracoles del lecho submarino,
mas nunca supe si tenías o no marido.
DULCE COMO LOS VIENTRES DE LAS HEMBRAS
DULCE COMO LOS OJOS DE LOS NIÑOS
detrás de la Transparencia MORTAL del tejido,
se oculta alguna otra insignificancia social en ese abismo,
donde los cocientes de la humanidad se deshacen
y van haciéndose,
PISOTEADOS,
COMO en el altar peregrino,
los remolinos.
Vos en la coronilla de la cresta,
mirás,
yo en la meseta de aquel río,
miro,
quien dijo que es MÁS DE lo mismo,
a la esfera celeste la hizo el altísimo
pero la habrían escindido los individuos,
Al RITMO incisivo del DIENTE carnívoro,
UN manicomio fantasmal lleno de bríos.
LA ÑATA CONTRA EL VIDRIO
acurrucando con la devoción de aquellos señoríos,
amoríos, fueron estos bien madurativos,
habrá sido QUIZÁS el nuestro,
quién sabe,
no lo niego,
no lo confirmo.
Desde ese entonces,
no miento,
sépalo usted mi dulce amada,
a su nombre hace poco me lo he aprendido,
de memoria le admito,
con discernimiento la amé
y ,de que te quise verde mozuela,
es atisbo sabido,
al clamor del desvarió,
voy atizando los pececitos y caracoles del lecho submarino,
mas nunca supe si tenías o no marido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario