Dónde la garúa deshilacha el alma
cierne el día exánime.
Ahí se va desvencijada la mañana,
junto con la cabizbaja tarde,
sin noche acartonada
porque la oscuridad tiene en sí misma
su prosapia de piedad.
En mi escaparate exiguo de reproches
las ánimas desgajan a sus migajas,
mientras la angustia azora al roble,
emerge toda,
atávica e imperturbable,
y desentraña
como por la magia hecha de arte.
En el esbozo de su sonrisa lánguida
deletrea la grieta
que singular aqueja al sauce,
así desnuda puro hueso y sin la carne,
matiz arrancado de cuajo y ningún punto aparte.
En el por vivir,
¡por vivir!,
el agua troca la estopa sin el aire.
cierne el día exánime.
Ahí se va desvencijada la mañana,
junto con la cabizbaja tarde,
sin noche acartonada
porque la oscuridad tiene en sí misma
su prosapia de piedad.
En mi escaparate exiguo de reproches
las ánimas desgajan a sus migajas,
mientras la angustia azora al roble,
emerge toda,
atávica e imperturbable,
y desentraña
como por la magia hecha de arte.
En el esbozo de su sonrisa lánguida
deletrea la grieta
que singular aqueja al sauce,
así desnuda puro hueso y sin la carne,
matiz arrancado de cuajo y ningún punto aparte.
En el por vivir,
¡por vivir!,
el agua troca la estopa sin el aire.