Ojalá ya llueva caña de azúcar en el monte tucumano!!!
Oh lluvia llegaste un día en que dios estuvo alegre,
derrochando albricias de cuerpo celeste,
estrafalario y alegre.
La lluvia cae raposa sobre la copa de los árboles,
echa a correr la pestilencia de las hojas,
y la humedad pierde su prez,
desencajando los estambres como alambres por las ruinas del follaje.
Enjutas gotas de resplandor
arriban en las hileras de la lluvia,
deshilachando en las hilachas la llovizna desbocada,
llovizna que llueve desbocada sin dientes,
y tenue.
Oh lluvia la muerte es pequeña para la inmensidad del océano.
Vas reventando el cauce luego de cada desembocadura,
pueril en el paladar de los peces te desvaneces.
Varias a la vez misma
semejan espinas
coronando la mollera
hincando el ojo del mundo.
En los laboratorios denuestan las pipetas el ánfora de la conciencia.
Tibias esquirlas de cristal cocido se incrustan en el lomo de la continencia.
Humedece la lluvia los sueños húmedos,
y el preludio antiguo de la ensoñación adolescente.
Eres lluvia un rompehielos,
abriste de cuajo la fosa del milenio ,
encofrado en torrentes descendentes la lluvia de osamentas,
desparramo acuoso de lagrimas ,
de llantos,
acueducto nauseabundo.
Ora centrífuga escurres por el tobogán frenético del lavamanos funerario,
ora centrípeta también la lluvia impermeabiliza la resaca de la historia,
y la historia regurgita a los egregios eunucos de la nueva política vernácula.
La lluvia no se apiada de los cadáveres insepultos
desenterrando las cruces de los desaparecidos
y el clamor de las víctimas de victimarios impunes.
La lluvia tiene el cuerpo deshabitado de sol,
oculta por el hielo se desguaza por los horrores de la membrecía.
Está la lluvia sedienta de justicia,
la lluvia en el mar es redundancia de salitres.
Fluye el flujo del deshielo
por el frío del espejo
que te desarruga el ceño
o te lo muestra tal cual es.
Exorbitante de ansiedad vacía te desgarra.
Cándida inundación del estío,
frustrando en vano el cóncavo verano..
Cansada poca y harta mucha y empapada,
empozada a penas fieras,
sí conmueve la lluvia a los árboles del patio,
respiran livianos los gorriones muy comunes.
Es de cuidado cuando la tempestad castiga al ser humano envuelto en plásticos,
estragando la naturaleza a ésa mujer con su hijito en brazos,
resquebrajando la hojarasca de los amores el odio los adioses el ocaso y a los dioses falsos,
la lluvia herrumbra el hacha de la historieta,
horada el tímpano del zinc.
LLuvia blanca
lluvia negra
lluvia radioactiva
el luto que deja la lluvia,
medita en su homónimo el inofensivo rocío nocturno,
será la sequía el antónimo de la lluvia o es la lluvia de arena,
desde el interior profundo de la tierra
la lluvia subterránea cuece ladrillos con sus manos.
Esta perspectiva causal de ese río se articula con tus hombros maduros,
meciendo la cuna del niño,
del viejo
aun la rupestre coyuntura de la sepultura.
Copiosamente destroza el mamarracho del papel,
en la luna no llueve casi nunca.
Ráfaga de tormenta a la gres la desnuda,
un huracán la deforma y la revuelve,
muta en lodazal simple y grotesco
lisa y llana,
el torbellino tempestuoso del ojo de la tormenta
contrasta,
entre alardes de secuaces,
colapsa,
no transa con la afrenta de los transas.
La lluvia antojadiza te despereza los bucles de un porrazo,
mesurada lluvia enjugas el sudor de la frente
para saciar a cuentagotas el perímetro global,
por seis meses más,
lame el parco piso donde pisamos,
el paraíso perdido quizá,
quién sabe.
La lluvia es menester,
oh lluvia tu que riegas la semilla para segar el grano de la espiga,
escindir el trigo de la cizaña sañuda,
y hacer el pan,
nuestro pan de cada día.