La desnudez te recita en el crisol cendal de la primavera
donde las sedosas alamedas santiguan
sus diáfanas lunas nupciales en sempiternas
enunciación de la diáspora que el viento dispersa
por el finito y liminar manojo de un verso
bautizo del sol y de una tierra
el romancero de letargos se agobian por el cosmos
agitando la trasnoche hervida de presagios
y un trágico manantial pluvial de llantos
desvaneciéndose va por pedregales anegados
es su transcurrir cruel y soberano del hierro oxidado
que viene sin disculpas
hiriendo sus manos
desantropologizando su rosácea piel de encantos
desde la ausencia de su regazo
tierna beatitud y desamparo
en la delicada flor de un canto
hasta la oquedad mortecina
que enhiela el triste pasado
donde las sedosas alamedas santiguan
sus diáfanas lunas nupciales en sempiternas
enunciación de la diáspora que el viento dispersa
por el finito y liminar manojo de un verso
bautizo del sol y de una tierra
el romancero de letargos se agobian por el cosmos
agitando la trasnoche hervida de presagios
y un trágico manantial pluvial de llantos
desvaneciéndose va por pedregales anegados
es su transcurrir cruel y soberano del hierro oxidado
que viene sin disculpas
hiriendo sus manos
desantropologizando su rosácea piel de encantos
desde la ausencia de su regazo
tierna beatitud y desamparo
en la delicada flor de un canto
hasta la oquedad mortecina
que enhiela el triste pasado